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CIRUGIA
FUNCIONAL ENDOSCOPICA Y POLIPOSIS NASAL
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La
cirugía funcional endoscópica, como su nombre lo indica, tiene
fundamento en la restauración de la ventilación nasal y desbloquear
las hendiduras de drenaje natural de los senos paranasales,
para restablecimiento de la depuración normal de sus secreciones,
en contraposición de las antiguas técnicas quirúrgicas que extirpaban
por completo toda la mucosa. Esta técnica se tiene su fundamento
de la obstrucción del complejo osteomeatal como causa y fisiopatogenia
de la sinusitis crónica. La restauración de la ventilación y
la depuración mucociliar se consideran claves para la resolución
de la enfermedad y el mantenimiento de la mucosa sinusal sana.
En consecuencia la cirugía tiende a liberar la obstrucción del
complejo osteomeatal. El diagnóstico de enfermedad de las fosas
nasales y senos paranasales, exigen una evaluación meticulosa.
Si bien los métodos radiológicos son de gran ayuda para determinar
la localización de la patología, el complejo osteomeatal debe
ser examinado con métodos más certeros como la endoscopía nasal
combinada con imágenes tomográficas. Los requisitos básicos
de esta cirugía implican un conocimiento detallado de la anatomía
de la región, en especial el complejo osteomeatal, y de la fisiopatogenia
de las enfermedades inflamatorias crónicas de la mucosa sinusal.
| ETIOPATOGENIA
DE LA POLIPOSIS NASAL |
La
etiopatogenia de la poliposis nasal, así como la causa de su
elevada recidiva, son hasta ahora desconocidas. Se ha confirmado
el papel crucial de la obstrucción ventilatoria en la patogenia
de la sinusitis. Algunos estudios demostraron que la PO2 estaba
constantemente disminuída en el seno maxilar durante la infección.
Además, el registro de presiones en el interior del seno se
obstaculiza o pierde y es característico que la PO2 se mantenga
baja en los pacientes con sinusitis recidivante. Los estudios
tomográficos y endoscópicos demuestran que la inflamación puede
persistir en el complejo osteomeatal entre los ataques de sinusitis
maxilar y frontal. Se sabe que el pólipo representa un desorden
de la substancia fundamental del tejido conectivo y constituye
la respuesta unívoca y especifica a elementos etilógicos distintos.
De esta forma se la vincula a procesos infecciosos, alergicos,
disfunción neurovascular, alteración del aparato mucociliar,
intolerancia a farmacos ( A.A.S. y otros inflamatorios no esteroideos),
disturbios glicoregulación, factores genéticos. Un pequeño porcentaje
de pacientes con asma y rinitis (4%) o sólo rinitis (2%) tienen
poliposis nasal asociada. De éstos pacientes con poliposis nasal,
aproximadamente del 14 al 31% tienen sensibilidad asociada a
la aspirina caracterizada por broncoespasmos (70%) urticaria
(13%), rinitis (10%) o una combinación de síntomas. De todos
los pacientes con intolerancia a la aspirina, un 45% tiene pólipos
asociados. Los mecanismos patológicos de intolerancia a la aspirina
y la formación de pólipos nasales incluyen anomalía en la síntesis
de prostaglandinas y alteraciones del tejido conectivo.
En la formación del pólipo se reconocen dos aspectos: 1) creación
del edema. 2) exteriorización del mismo a traves de la pared
externa de las fosas nasales en forma de pseudotumores pediculados
y edema. Lo que sigue sin aclarar es porqué los pólipos se desarrollan
en determinadas regiones de la fosa nasal y en otros lugares
no. Fue estudiado un grupo de substancias vasoactivas en un
intento de establecer la etiopatogenia de la poliposis (metabolitos
del ácido araquidónico, prostaglandinas, leucotrienos, bradiquininas,
substancia H, serotonin, histamina y los neurotransmisores peptidérgicos
presentes en la mucosa nasal. Entre éstos se destaca la substancia
P, que al ser liberada por distintos estímulos, entre ellos
"la presión", además del dolor, provoca vasodilatación local
y filtración de plasma dentro de los tejidos, originando el
llamado "edema neurogénico". Tal presión puede ser originada
por el intenso contacto entre las mucosas que se enfrentan,
como ocurre en zonas estrechas de la pared nasal. Aunque todavía
la relación bioquímica no está del todo establecida, la frecuencia
con la que los pólipos surgen de sitios de contacto, son altamente
sugestivos que la mayoría de los pólipos tienen como causa dicho
contacto mucoso. El éxito obtenido mediante la resección circunscripta
de estas áreas mediante la cirugía funcional endoscópica avalan
lo antedicho.
En conclusión, la etiopatogenia de la poliposis nasal dista
mucho de ser conocida y ésto se traduce en la práctica por un
empirismo en el enfoque terapéutico. Por ésta razon, al decidir
el tratamiento debemos tener en cuenta que la poliposis nasal
debe ser interpretada no como una entidad nosológica, sino como
un síntoma de sufrimiento de la mucosa nasosinusal por la concurrencia
de estímulos irritativos diversos y no siempre identificables,
en el cual se reconocen tres elementos específicos: 1) inflamación
crónica recidivante de la mucosa nasal. 2) anormal respuesta
vasomotora. 3) problemas mecánicos ligados al edema y a las
condiciones anatómicas en donde él se produce.
| ANATOMIA
QUIRURGICA DEL COMPLEJO OSTEOMEATAL |
Es
imprescindible que el cirujano tenga un conocimiento detallado
de la anatomía de la cavidad nasal y senos paranasales, y especialmente
del complejo osteomeatal, ubicado en la pared externa de la
fosa nasal. Es por ello se dedica una breve reseña de los parámetros
anatómicos más importantes que se necesitan a la hora de la
cirugía.
| PARED
EXTERNA DE LA FOSA NASAL. MEATO MEDIO |
De
arriba abajo de destacan en ella los cornetes superior, medio
e inferior. Sobre la base de la posición ocupada por cada uno
de ellos vamos a dividir la pared en tres sectores: uno superior,
uno medio y uno inferior.
Sector superior. Cornete superior: Cubre el
meato del mismo nombre. Allí desembocan los orificios de todas
las células del grupo etmoidal posterior que como sabemos son
de mayor tamaño que las anteriores. Más atrás está el agujero
esfenopalatino (a un centímetro por delante de la cola del cornete
medio) que da paso a la arteria esfenopalatina, rama de la maxilar
interna y al nervio del mismo nombre, zona que ha adquirido
una gran importancia con el desarrollo de la microcirugía y
la cirugía endoscópica y en el tratamiento de las epistaxis.
La arteria esfenopalatina se divide en dos ramas a partir de
su desembocadura en la fosa nasal. La rama interna se orienta
hacia la línea media en dirección hacia el tabique nasal, cruzando
la pared posterior de la fosa nasal por encima de la coana.
Al llegar al septum toma una direccion oblicua de atrás adelante
y de arriba abajo siguiendo un trayecto diagonal que se corresponde
con el borde superior del vomer. Allí recibe el nombre de arteria
nasopalatina. Después de proveer irrigación a la mucosa del
tabiquepor medio de numerosas ramificaciones, esta arteria se
introduce en un agujero próximo a loa espina nasal. En el trayecto
oseo se anastomosa con la del lado opuesto para aparecer en
la parte anterior del paladar óseo constituyendo un troco único
que es la arteria palatina anterior. La rama externa de la arteria
esfenopalatina se distribuye en la pared externa de la fosa
nasal. La arteria etmoidal anterior, rama de la oftálmica, esolta
al nervio del mismo nombre. La primera parte de esta arteria
transcurre dentro de un canal óseo, frecuentemente dehicente,
adosado al techo. En éste lugar puede ser lesionada cuando se
procede a la limpieza instrumental del techo del etmoides. Se
describe también la arteria etmoidal posterior cuya existencia
no es constante. La distribución de sus ramas se hace en las
células etmoidales posteriores y en el seno esfenoidal.
Sector medio. En la parte más anterior encontramos
, por delante de la apófisis unciforme, una superficie ósea
plana, lisa, denominada agger nasi. Esta zona puede ser utilizada
como lugar de abordaje en la cirugia transnasal del saco lagrimal.
Un poco más atrás encontramos el cornete medio que es parte
integrante del hueso etmoidal. Su posición intraetmoidal es
la llamada lámina de los cornetes. Dicha lámina divide al seno
maxilar en los grupos celulares anterior y posterior. Ese tabique
óseo comunica al cornete medio con la pared lateral nasal y
constituye el límite posterosuperior del meato medio. Las células
anteriores a la lámina basal por lo general son más pequeñas
y se abren en el meato medio, mientras que las células posteriores
se abren hacia atrás a través del meato superior. El número
y tamaño de las células etmoidales es muy variable y difiere
en todos los pacientes. El techo del seno etmoidal está formado
por el piso de la fosa craneal anterior y puede ser horizontal
o presentar una pendiente pronunciada descendente hacia adentro.
La parte libre del cornete medio se extiende a modo de alero,
en la luz nasal cubriendo el meato medio. En algunos casos puede
estar neumatizado conteniendo una célula en su interior , dando
origen a la variante anatómica conocida como cornete bulloso.
En otros casos adopta una curvatura de convexidad hacia afuera,
denominándose cornete medio paradógico.
El meato medio. Extirpado el cornete medio,
la pared externa está representada por una brecha ósea muy amplia
de contornos irregulares que comunica ampliamente la fosa nasal
con la cavidad del seno maxilar. Su contorno está interrumpido
en la parte anterior por la inserción de una lámina ósea aplanada
denominada apófisis unciforme dispuesta en forma paralela al
plano de la pared externa de la nariz. Esta lámina se proyecta
hacia atrás hasta las proximidades de la bulla etmoidal. de
la cual queda separada por un espacio que es la hendidura semilunar
que da acceso al infundíbulo. El infundíbulo es un espacio que
cuando es muy estrecho se lo denomina canal. Pero en general
es relativamente amplio. La formación del infundíbulo se debe
a la invaginación de la mucosa alrededor de la apófisis unciforme
. En aquellos casos con buena neumatización esta invaginación
da lugar a la formación de este espacio que se denomina infundíbulo
y que se comunica con la fosa nasal a traves del hiato o hendidura
semilunar. El bolsillo formado por el infundíbulo es el lugar
donde se abren los orificios de todas las cavidades del grupo
anterior. En su parte alta se encuentra el ostium del seno frontal.
Este orificio se ubica en íntima relación con el receso frontal
por abajo y cuando están presentes, con las células del agger
nasi por delante. El seno frontal se afecta fácilmente por la
enfermedad del infundíbulo etmoidal o el receso frontal. El
bloqueo se presenta, preferentemente en lugares específicos
como en el espacio comprendido entre la apófisis unciforme y
el cornete medio, o entre la bulla etmoidalis y el cornete medio.
En otros lugares, en posiciones variables se abren los orificios
de las células etmoidales anteriores, entre ellos el de la misma
bulla. En la parte baja se ubica el ostium maxilar que drena
el seno maxilar. Naturalmente las secreciones provenientes de
todas las cavidades pueden estacionarse en este lugar, razón
por la cual algunos autores han dicho que el seno maxilar cuyo
orificio se ubica en la parte más baja, es la cloaca de los
otros senos.
Aproximadamente, en un 15% de los pacientes se presentan aberturas
maxilares accesorias que se abren directamente en el meato medio.
Sin embargo, no es común que estas aberturas reciban la depuración
mucociliar activa del seno. La incidencia de aberturas accesorias
parece ser mayor en los pacientes con obstrucción infundibular
o antecedentes de enfermedad del seno maxilar lo que sugiere
la posibilidad de ser la consecuencia de un estado patológico
posterior al cual permanecen abiertos.
Por detrás de la hendidura semilunar se desarrolla la parte
principal del cuerpo del etmoides, constituído por un conjunto
de células neumáticas entre las cuales se encuentra la bulla
etmoidal, que es de tamaño pequeño pero de existencia constante
y fácilmente reconocible. A su alrrededor aparecen varios orificios
que corresponden a las células etmoidales vecinas, generalmente
pequeñas que constituyen con el seno frontal y maxilar el grupo
anterior. Todas ellas son tributarias de la hendidura o hiato
semilunar y del meato medio donde desembocan ya sea directamente
o a traves de otra célula. El seno frontal lo hace en la parte
más superior, la bulla en el centro y las demás en diversos
puntos. El la parte más declive se ubica el ostium del maxilar.
Sector inferior. El elemento sobresaliente
es el cornete inferior. Se articula con el hueso maxilar y con
el palatino. En la parte media de la superficie articular presenta
una apófisis triangular cuyo vértice se introduce como una cuña
entre los dos huesos. Este es el lugar de elección para la punción
transmeática. El meato inferior es el espacio que separa el
cornete de la pared. En su parte más anterior se encuentra ubicada
la desembocadura del conducto lacrimonasal. Además es el lugar
donde se hace la contraabertura para drenaje del seno en las
operaciones de Caldwel Luc y de Remiro de Lima. En la parte
posterior del meato inferior hay que recordar la presencia de
la arteria palatina posterior que juntamente con los filetes
nerviosos del mismo nombre transcurre por el conducto óseo pterigopalatino
en dirección a la cavidad oral. Esta arteria puede ser lesionada
en cirugía y originar una molesta hemorragia si la excéresis
ósea es exageradamente extendida en dirección posterior.
La
evaluación para una rinitis comienza en una anamnesis detallada.
El síntoma principal será la obstrucción nasal, secreción nasal
anterior o posterior, irritación nasal, estornudos o una combinación
de todos los síntomas. Los síntomas prurito nasal y estornudos
son indicadores de una rinitis alérgica o de una rinitis no
alérgica eosinofílica. Si la obstrucción nasal es constante,
hay que considerar una obstrucción anatómica como pólipos nasales
o rinitis hiperplásica crónica. Si la obstrucción nasal es de
inicio reciente y el paciente no ha sido sometido a una intervención
en la nariz ni ha sufrido un traumatismo, es probable que el
problema se deba a una enfermedad de la mucosa. La anamnesis
debe incluir inicio, frecuencia, duración, características y
gravedad de los síntomas. El inicio de los síntomas puede ser
en la infancia, en el adulto, después de un traumatismo o una
infección del tracto respiratorio superior o posterior al traslado
de una ubicación geográfica a otra. El inicio de los síntomas
al comienzo de la vida puede indicar un a causa alérgica, mientras
que los síntomas que se originan en el adulto es más probable
que se deban a una rinitis no alérgica. La característica de
la secreción nasal, ya sea mucosa, mucoide o purulenta, a veces
ayuda a distinguir entre rinitis alérgica y no alérgica. Se
identifican todos los factores precipitantes:
- Localización geográfica específica.
- Drogas, alcohol, tabaco, preparados de venta libre.
- Sensibilidad a la aspirina y otros agentes no esteroideos.
- Colorantes y conservantes como tartrazina, benzoato de sodio
y dioxido de azufre.
- Síntomas asociados: hiposmia, anosmia, trastornos del sueño,
respiración bucal con boca seca, ronquidos, fatiga e irritabilidad.
- Alteraciones de la glicorregulación, antecedentes familiares,
prueba de tolerancia, glucemia.
- Susceptibilidad bronquial, mediante test de metacolina, etc.
-Alergia, mediante interrogatorio, dosaje de Ige total, Ige
específica, test cutáneos, etc.
El
paciente que se presenta con rinitis necesita de un exámen detallado
de cabeza y cuello y como mínimo un exámen breve del tracto
respiratorio inferior. Se deben inspeccionar las conjuntivas
para detectar infección o edema, se ausculta el tórax para detectar
sibilancias y se inspecciona la piel para detectar urticaria,
así como estigmas de hipotiroidismo. Ha que inspeccionar también
la nariz y el tabique nasal en su parte caudal para detectar
deformidad con obstrucción macroscópica. Posteriormente se lleva
a cabo la rinoscopía, antes y después de la vasoconstricción.
Para ello nos valemos de la endoscopía. Se
pueden utilizar endoscopios flexibles, o rígidos (telescopios)
previa topicación de la mucosa nasal con anestesia tópica y
vasoconstrictores. Si se tiene la posibilidad de realizarlo
a través de video, resulta mejor, grabando en cinta VHS o almacenando
las imágenes en una computadora. Se debe evaluar las características
de las secreciones, en particular si se visualizan directamente
en el meato medio y se documenta cualquier masa obvia, ya sea
maligna o benigna. La mucosa de aspecto pálida grisácea se observa
en la rinitis no alérgica y en el hipotiroidismo, mientras que
la mucosa enrojecida e ingurgitada se puede observar en la rinitis
medicamentosa. Se evalúa el tamaño de los cornetes antes de
la vasoconstricción y después de ella con una solución anestésica
al 4%. La hipertofia de los cornetes, suficientemente importante
como para producir obstrucción nasal y no responder a los vasoconstrictores
nasales, puede requerir tratamiento quirúrgico.
La técnica endoscópica consiste primeramente en obtener una
imágen general de la nariz y nasofaringe, estando el paciente
en posición sentado o en decúbito dorsal, utilizando preferentemente
un telescopio de 4mm a 0°, pasando el mismo por el piso de la
fosa nasal. Por el meato inferior se puede observar el receso
esfenoetmoidal hacia adentro del cornete medio, donde desembocan
el seno esfenoidal y las celdillas etmoidales posteriores. Un
segundo paso será colocar el telescopio por arriba del cornete
inferior, en el meato medio chocando con el cornete medio, y
lateral al cual se encuentra el complejo osteomeatal. Se puede
ver la bulla etmoidal, el hiato semilunar y la abertura infundibular.
La apófisis unciforme se interpone para la visualización del
ostium del seno maxilar en la mayoría de las veces. Para mejor
visualización de esta zona se puede utilizar un endoscopio de
2.7mm a 30 y 70°. En ocasiones, la subluxación interna suave
del cornete medio o el uso de una cánula colocada debajo del
cornete permite el uso de un instrumento de 4mm.
Puede realizarse si resulta necesario la visualización endoscópica
del seno maxilar en casos que serán sometidos a cirugía endoscópica,
para realizar cultivos y tomas biopsias. Por medio de una punción
del seno maxilar con un trócar de 5mm, puede introducirse un
telescopio de 4 o 2.7mm de 30 y 70° para visualizar la mucosa
antral. El método preferido de acceso es la vía sublabial, excepto
los niños o en los casos en que se sospecha una neoplasia. La
fosa canina brinda la mejor visualización del área del ostium
maxilar. A través de esta vía se pueden extirpar los quistes
y pólipos pequeños, pero la enfermedad más difusa requiere el
acceso a través de una antrostomía meatal media ampliada para
su exéresis. No se necesita sutura después del procedimiento
pero el paciente debe recibir instrucciones para que no se suene
la nariz durante varios días para evitar el enfisema subcutáneo.
La endoscopía nasal diagnóstica, permite identificar focos de
infección localizados, bloqueos de áreas específicas, deformidades
anatómicas, cicatrices fibrosas, estado de inflamación persistente
de la mucosa y evaluar tratamientos médicos de corto y largo
plazo: respuesta a antibióticos, corticoides, antialérgicos,
y planear en base a ello una cirugía endoscópica.
Otros métodos diagnósticos de gran utilidad son los radiológicos,
en especial la tomografía computada. Se utiliza
para revelar cambios mucosos mas profundos en el complejo osteomeatal
no visibles por vía endoscópica, para identificar la extensión
de la enfermedad y detallar la anatomía en los casos en que
está indicada la cirugía. El exámen tomográfico se debe realizar
una vez que las exacerbaciones de la sinusitis recurrente han
sido tratadas óptimamente. Debe realizarse en el plano coronal,
rastreando desde el seno frontal por delante, hasta el seno
esfenoidal por detrás. Esto permite visualizar con eficacia
el complejo osteomeatal y el etmoides anterior, zonas claves
en la patogenia de la poliposis nasal. Se debe solicitar la
misma sin medio de contraste, ya que no es necesario, salvo
en casos en que se sospeche un tumor maligno, y de alta resolución
para obtener una amplificación de la imágen. En los casos en
que no son posibles los cortes coronales, por un impedimento
del paciente en realizar la hiperextensión de la cabeza, se
toman cortes axiales, y a partir de éstos, se generan reconstrucciones
coronales indirectas.
| CIRUGIA
FUNCIONAL ENDOSCOPICA |
El
objetivo de cualquier tratamiento de la poliposis nasal debe
estar dirigido al control de la respuesta inflamatoria de la
mucosa, que juega un rol protagónico fundamental. Hasta el presente,
ningun enfoque médico o quirúrgico por sí mismo obtuvo resultados
satisfactorios. Es común observar que la poliposis nasal presenta
una evolución desconcertante con recidivas en un período más
o menos prolongado, con sorprendentes regresiones espontáneas.
De esta forma la orientación actual es privilegiar el tratamiento
médico farmacológico ya sea como un fin en sí mismo o como prevención
de la recidiva post-quirúrgica.
La intervención a efectuase será la polipoectomía, mientras
que las cirugías más radicales se reservan para las formas muy
graves o invalidantes.
Se aconseja previo a la cirugía una breve corticoterapia por
8-10 días. En casp de infección se agrega antibióticoterapia
por el mismo lapso.
Instrumental:
- Telescopios de 4 y 2.7mm de 0° y 30 y 70° (opcional)
- Endocámara y monitor color (opcionales)
- Empuñaduras. Pueden ser planas (para telescopio de 0°) y redondas
(30y70°)
- Fuente de luz. Preferentemente halógena de 250 watts
-Cable de iluminación por fibra óptica. Transmite la luz de
la fuente al telescopio.
- Trócar para antrostomía de 5mm.
- Pinza sacabocados tipo Stamberger.
- Pinzas de Blakesley recta y angulada (45 y 90°).
- Curetas para antro maxilar.
- Tijera nasal recta y corte lateral
- Pinza bayoneta
- Espéculo nasal tipo killian autoestático.
- Bisturí en oz para apófisis unciforme.
- Espátula de Freer (para luxar cornete medio).
- Explorador de antro (para identificar el ostium maxilar)
- Potes y torundas de algodón embebidas en anestésicos y vasoconstrictores.
- Torundas de algodón con solución fisiológica.
- Cánulas de aspiración recta y acodada de punta roma.
Para
reducir el sangrado durante el acto quirúrgico se coloca la
camilla con la cabecera elevada unos 20 grados. Se aplican primeramente
torundas de algodón con anestésicos al 4%, para luego instilar
un vasoconstrictor sobre la mucosa de la cavidad nasal. Luego
se refuerza la anestesia con spray al 10%. Se debe esperar unos
10 minutos antes de cualquier acto quirúrgico. En casos de encontrar
un gran pólipo ocupando la totalidad de la cavidad nasal, se
puede inyectar anestesia en el interior del pólipo y resecar
la parte más externa para poder visualizar más atrás. Durante
todo el acto quirúrgico se debe tratar de no irritar el campo
operatorio con la cánula de aspiración para evitar el sangrado.
Para ello se puede aspirar la fosa nasal utilizando la cánula
sobre una torunda gasa húmeda. Posteriormente se retiran las
torundas con pinza y se confirman las estructuras anatómicas
y el campo quirúrgico. Luego de reconocer la apófisis unciforme
y el cornete medio, se infiltran. Luego se realiza una insición
desde la parte más superior hasta el extremo inferior de la
apófisis unciforme. Con un explorador se confirma que la insición
haya penetrado la pared dentro del seno. Se deben extraer los
pòlipos que aparezcan y la apófisis unciforme con una pinza
tipo Blakesley. El siguiente paso consiste en trabajar sobre
el seno. Se inserta un elevador en el ostium natural del seno
y se abre el mismo en sentido medial . En este proceso se debe
observar que la pared superior del seno maxilar corresponde
a la pared orbitaria. La tomografía computada brinda información
acerca de la relación entre la pared orbitaria y el ostium natural.
El cirujano debe tener cuidado de no lesionar la pared orbitaria.
Luego de ampliar el ostium natural, se procede a limpiar las
celdillas etmoidales. Se deben resecar los pólipos y la mucosa
edematosa. Posteriormente se infiltra con anestesia la pared
mucosa lateral del cornete medio y se confirma que la zona haya
sido correctamente anestesiada. Se identifica la bulla etmoidal,
la que se extirpa, quedando libre hacia adelante y arriba el
receso frontal. En este paso es nacesario actuar con cautela,
ya que en el techo de la bulla etmoidal se encuentra la arteria
etmoidal anterior, fácil de lesionar, el piso de la fosa craneal
anterior y la lámina papirácea. Para abrir el etmoides posterior
desde adelante se debe perforar la laminilla basal. Para la
apertura del seno esfenoidal, se podrá realizar a través del
etmoides posterior, siempre hacia abajo y medialmente para evitar
lesionar el nervio óptico y la arteria carótida interna. Cuando
la enfermedad del seno maxilar es muy importante o el ostium
está muy obstruido puede ensancharse el mismo con una cureta
o una pinza sacabocados que come hacia el costado o hacia atrás.
Con esta exploración se podrá resecar sólo lo necesario para
sanear la enfermedad local, sin llegar a una cirugía "radical",
manteniendo lo más normal y funcionalmente posible la anatomía
nasal paranasal.
| COMPLICACIONES
INTRA Y POSTOPERATORIAS |
Son
raras las complicaciones, pero es necesario informar al paciente
sobre los riesgos de las mismas. Las más comunes son en el postoperatorio
inmediato. La infección es una de ellas. La hemorragia puede
suceder tanto intraoperatoria como en el postoperatorio en especial
en aquellos pacientes que han recibido terapia con salicilatos,
los cuales pueden llegar a requerir taponamiento anteroposterior.
Durante el acto quirúrgico al abrirse la bulla etmoidal puede
lesionarse la arteria etmoidal anterior, produciendo un sangrado
activo que inunda el campo operatorio. Cuando no puede encontrarse
uno de sus cabos, éste muchas veces se introduce dentro de la
órbira produciendo un hematoma intraorbitario, complicación
que puede llegar a ser grave.
Otra complicación es la ruptura del techo etmoidal, ingresando
a la fosa cerebral anterior y dejando como secuela una fístula
de líquido cefalorraquídeo, dejando una vía para infección que
puede terminar en meningitis. Si se detecta en el acto quirúrgico
debe intentar repararse con fascia, pasta de hueso o cola de
fibrina.
Siempre debe abrirse el esfenoides desde el etmoides posterior
en sentido medial y caudal para evitar lesionar la arteria carótida
interna y el nervio óptico. Se han relatado casos de pérdida
visual luego de la cirugía. Sin embargo suele ser unilateral
pero cuyo potencial de recuperación no es bueno. Afortunadamente
esta complicación es extremadamente rara. Se han descripto algunos
casos de vision doble. Nunca se debe abordar el seno esfenoidal
abriendo su ostium, porque puede resultar muy peligroso.
El concepto más importante es que el procedimiento quirúrgico
se debe realizar bajo observación directa. Las hemorragias menores
se pueden taponar con una compresa vasoconstrictora o una esponja
homeostática, pero es necesario concluir el procedimiento en
el caso de que ocurra una hemorragia de grado tal que no permita
una correcta visualización.
| ASISTENCIA
POSTOPERATORIA |
Una
asistencia postoperatoria cuidadosa y la limpieza meticulosa
de la cavidad son de suma importancia para el resultado quirúrgico
final.
Una vez finalizado el acto quirúrgico se realiza el taponaje
de la fosa nasal con gasa embebida en solución antibiótica.
Dicho taponaje se retirará al día siguiente previo al alta del
paciente. Se aconseja el uso de antibióticos de amplio espectro
para prevenir las complicaciones.
Se debe limpiar la cavidad bajo control endoscópico, eliminando
costras y secreciones hasta que cicatrice y se restablesca la
depuración mucociliar. Todas las adherencias que suelen formarse
entre el cornete medio y la pared nasal externa se dividen en
este momento. Las instilaciones de solución salina y nebulizaciones
durante el postoperatorio son muy beneficiosas para prevenir
la formación de costras y de esta manera restituir el drenaje
mucociliar con mayor prontitud. Pueden utilizarse unguentos
o pomadas nasales con antibióticos en caso de que la mucosa
haya quedado desflecada. Luego de cicatrizada la mucosa se indicarán
corticoides tópicos nasales durante un período prudente y se
evaluará el estado de alergia.
La
cirugía endoscópica endonasal requiere una formación y un entrenamiento
adecuado del cirujano, así como un conocimiento cabal de la
anatomía de la región, ya que si bien las complicaciones publicadas
hasta ahora han sido mínimas, los riesgos de un acceso al etmoides
por vía endonasal son importantes.
El tratamiento de la poliposis nasal ha experimentado un substancial
avance en los últimos años. Se sabe que dicho padecimiento no
es una enfermedad separada de la cavidad nasal, no obstante
siempre se la encuentra relacionada a lesiones etmoidales. La
etmoiditis comienza en el complejo osteomeatal y de allí se
extiende a las celulas etmoidales anteriores. Por lo tanto el
infundíbulo etmoidal es la zona crítica en la cual un círculo
vicioso de inflamación, obstrucción y cambios histopatológicos
que en él se originan se extienden centrífugamente a las regiones
adyacentes de los senos paranasales.
Si bien la polipectomía no es más que una solución transitoria,
ningún tratamiento farmacológico por sí mismo ha demostrado
ser hasta el presente totalmente satisfactorio. No obstante
las técnicas quirúrgicas endoscópicas permiten mayor capacidad
de observación durante el acto quirúrgico, posibilidad de una
cirugía más profunda con conservación de la mucosa sinusal,
menor traumatismo y creación de espacios amplios que permiten
el transporte mucociliar y el flujo linfático, facilitando además
el tratamiento postquirúrgico. Es importante la ventaja sobre
las técnicas antiguas como la cirugía tipo Caldwel-Luc o Ermiro
de Lima, ya que éstas suponen mayor riesgo de daño de estructuras
anatómicas y por lo tanto de hemorragias.
La integración del tratamiento médico y quirúrgico puede no
ser del todo satisfactorio desde el punto de vista teórico.
Pero desde el plano práctico-clínico su aplicación ha demostrado
mejorar notablemente la calidad de vida del paciente.
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